Newsletter Nº 2 - Lunes 16 de Febrero de 2009
Cuando adoptamos un perro en casa

Se trate de un adulto o de un cachorro recientemente separado de su madre, se deben respetar ciertas reglas desde el principio. El perro forma parte de nuestra vida de todos los días, a la que aporta un beneficio innegable. Pero también puede representar una verdadera fuente de problemas. Por eso, adoptar un perro no es un acto que pueda tomarse a la ligera. Una buena educación evita muchos inconvenientes.

Se trate de un adulto o de un cachorro recientemente separado de su madre, se deben respetar ciertas reglas desde el principio. El perro forma parte de nuestra vida de todos los días, a la que aporta un beneficio innegable. Pero también puede representar una verdadera fuente de problemas. Por eso, adoptar un perro no es un acto que pueda tomarse a la ligera. Una buena educación evita muchos inconvenientes.

Las reglas elementales que se deben seguir

En primer lugar, en cuanto el perro llega a la casa, hay que dejarlo que se familiarice con su nuevo hogar. Así, va descubrir los miembros de la familia y el entorno en el que se desenvolverá de ahí en adelante. En general, para esta adaptación hacen falta uno o dos días. Rápidamente, el animal elegirá los lugares donde se sienta mejor. Sin embargo, no hay que dejarlo hacer lo que quiera, con el pretexto de que aún es pequeño o, si es más grande, que primero tiene que identificar sus puntos de referencia. En efecto, el perro aprende muy rápidamente a hacer la diferencia entre lo que le está permitido y lo que no lo está. Por ejemplo, si se tolera que se instale sobre el sillón o en la cama durante el primer tiempo, será difícil, o hasta imposible, hacerlo partir cuando la pequeña bola de pelos del principio se haya transformado en un gran perro de sesenta kilos. No hay que pensar que la situación es diferente con un pequeño Yorkshire o un Teckel. A pesar de su pequeño tamaño, pueden hacer estragos importantes en muy poco tiempo.

Por esto, es importante mostrar al perro quien es el amo de la casa, impidiéndole subir a las camas y asignándole sus propios juguetes. También hay que elegir el lugar donde se le dará de comer y prohibirle que venga a "mendigar" alimentos. Por otra parte, debe comer después de sus amos, como sucede en las jaurías, donde el jefe come primero. También hay que asignarle un lugar para dormir, una alfombrilla o una caseta, siempre lejos de las puertas y ventanas para que no tenga la sensación de controlar las idas y venidas de la casa.

Estas pocas y simples reglas permiten restituirle al perro su condición de animal de jauría. Debe comprender que él es el dominado y que el amo es el dominante. El perro sólo puede encontrar su equilibrio en la estabilidad de la jerarquía de la jauría.

Esta regla es válida para todos los perros, independientemente de su tamaño, y evita que un Teckel, por ejemplo, se convierta en el tirano de la familia, mostrando sus dientes cuando alguien se acerca a su sillón o mordiendo las pantorrillas de los visitantes de paso. Lo importante es tener siempre un comportamiento coherente. No hay que autorizar un día algo que habitualmente está prohibido. Hay que ser firme sin caer en excesos. De este modo se preservará la relación de confianza que se establece con el correr del tiempo entre el perro y su amo.

Para asentar su autoridad, el amo debe comenzar la educación de su cachorro a partir de los tres meses de edad. Primero se elegirán órdenes simples utilizando palabras simples.

Generalmente, se preconizan dos métodos:

– Se deja la iniciativa al cachorro. Por ejemplo, en cuanto se sienta, se da la orden "sentado" y se lo felicita. Lo mismo para "tumbado" o "de pie" . El perro asociará progresivamente la orden con la acción y con la satisfacción de su amo.

– El amo impone la posición al perro, dando la orden al mismo tiempo. Para "sentado" es suficiente con poner una mano sobre la cabeza del cachorro, mientras que la otra mano apoya sobre la grupa. Naturalmente, este par de fuerzas obligará al perro a sentarse. Para "tumbado", se continúa el movimiento tirando hacia delante las dos patas anteriores. En general, con varias sesiones diarias de algunos minutos se obtiene un buen resultado. También en este caso, se recompensa al perro en cuanto ejecuta la orden.

El "quieto" es más difícil de obtener y necesita mayor atención. Por lo tanto, hay que esperar que el cachorro sea mayor para pedírselo. Al principio, se ordena "sentado" y se coloca un objeto (por ejemplo su collar) sobre la cabeza o la nariz del cachorro. Se ordena "quieto" y en cuanto el cachorro baja la nariz y deja caer el objeto, se manifiesta descontento. En cambio, si lo mantiene durante algunos segundos, se lo felicita. Progresivamente, se exigirá una inmovilidad más larga. Al final, el amo le pedirá al perro que no se mueva mientras él se aleja y luego, que vuelva a su lado mediante una orden.

Fuente: Royal Canin (Enciclopedia del perro).